«Yo le doy gracias a la Divina Providencia porque he podido contribuir personalmente al cumplimiento de la Voluntad de Cristo, a través de la institución de la Fiesta de la Divina Misericordia. Rezo incesantemente para que Dios tenga misericordia de nosotros y del mundo entero». Santo Padre Juan Pablo II (7/6/97), Santuario de la Divina Misericordia, Cracovia, Polonia

San Juan Pablo II:
-Encíclica ‘Dives in misericordia’, 30 de noviembre de 1980
-Encíclica ‘Evangelium vitae’, 25 de marzo de 1995

“Saludo cordialmente a todos los compatriotas del Papa Juan Pablo II. En Cracovia, él confió el mundo entero a la Divina Misericordia, de la cual la humanidad tiene tanta necesidad cada día. Pidamos que este don de Dios se conceda sobre todo en aquellas naciones donde domina la vejación, el odio y la tragedia de la guerra. Que el Divino Amor derrote el pecado y que el bien venza sl mal. Debemos ser testigos de la misericordia. Os deseo a todos vosotros la verdadera alegría pascual”. Papa emérito, Benedicto XVI

El Papa Benedicto XVI beatificó a Juan Pablo II el 1º de mayo de 2011, segundo domingo de Pascua, al que el Papa Wojtyla había declarado Domingo de la Divina Misericordia.

«La Divina Misericordia tiene el poder de cambiar al mundo. Es una Revolución de Amor capaz de arrancar el mal y sembrar el bien en su lugar. “Sólo la misericordia de Dios hecha carne en Jesús, puede reparar el equilibrio entre el bien y el mal en el mundo, comenzando con ese “mundo” pequeño y esencial que es el corazón del hombre”. Papa Benedicto XVI, I Congreso Mundial de la Divina Misericordia. Roma, abril de 2008

«La misericordia cambia el mundo, hace al mundo menos frío y más justo. El rostro de Dios es el rostro de la misericordia, que siempre tiene paciencia. […] Dios nunca se cansa de perdonarnos. El problema es que nosotros nos cansamos de pedirle perdón. ¡No nos cansemos nunca! Él es el padre amoroso que siempre perdona, que tiene misericordia con todos nosotros» Papa Francisco, 17 de marzo de 2013, primer Angelus público en la Plaza de San Pedro

«Lo que la Iglesia necesita con mayor urgencia hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones de los fieles, cercanía, proximidad».
«Los ministros de la Iglesia tienen que ser misericordiosos, hacerse cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela al prójimo. Esto es Evangelio puro. Dios es más grande que el pecado». Papa Francisco, entrevistado en La Civiltá Cattolica, agosto de 2013