El pasado domingo 5 de abril, el Papa León XIV pronunció su primer mensaje de Pascua Urbi et Orbi desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, ante más de 50.000 fieles congregados en la plaza. Ha sido su primera Semana Santa como pontífice, y la ha vivido entera: desde el Domingo de Ramos hasta la Pascua de Resurrección, cargando incluso personalmente la cruz en el Viacrucis del Viernes Santo.

Que callen las armas y cambien los corazones

El núcleo del mensaje es la Pascua como victoria: de la vida sobre la muerte, de la luz sobre las tinieblas, del amor sobre el odio. Una victoria que Cristo no alcanzó con violencia, sino con entrega. Como un grano de trigo que muere y da fruto. León XIV subraya que esa misma lógica —renunciar a la venganza, abrirse a la transformación interior— es el único camino real hacia la paz entre personas y naciones.

El Papa denunció con dureza lo que llama «globalización de la indiferencia»: nos estamos acostumbrando a la muerte de miles de personas, resignándonos ante el odio y los conflictos. Recuperando una expresión del papa Francisco —a quien recordó con emoción, pues fue desde esa misma logia donde Francisco pronunció sus últimas palabras al mundo hace exactamente un año—, León XIV pide que no bajemos la guardia ante el sufrimiento ajeno.

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